Pan de plomo duro. Adentrarse en esta novela es viajar a un tiempo de contrastes, donde la ambición y la supervivencia caminan de la mano entre paisajes tan bellos como implacables. En el corazón de la sierra norte de Jaén, entre minas de plata, pasiones desbordadas y secretos que acechan en cada recodo, el autor construye un relato intenso, coral y profundamente humano. Hoy conversamos con José Luis Izquierdo, un escritor que ha sabido transformar su amor por la historia, la naturaleza y la minería en una obra envolvente, repleta de intriga y personajes que dejan huella.


Su novela nos traslada a un contexto muy concreto y poco explorado: la minería en la sierra norte de Jaén en el siglo XIX. ¿Qué le llevó a elegir este escenario y qué le fascinó de ese periodo histórico?

Su cronología, abarca desde el Calcolítico hasta bien entrado el S. XX. Me crie y viví en ese contexto histórico lleno de cuentos que las comadres y compadres nos contaban desde niños con voz pausada y gargantas castigadas por el vino, el tabaco y la sílice. Relatos de cuando la sierra era lugar de paso para conectar con la meseta manchega por antiguas calzadas romanas, donde imperaban los lobos, las víboras y los bandoleros montaraces… Hasta que sobre laboreos mineros romanos intrépidos empresarios decidieron investigar sobre y poner en marcha varios filones, creando un emporio minero al que acudieron algunos países dispuestos a prestar mucho dinero, y parte de la segunda revolución industrial. Una buena amalgama para colocar a ciertos personajes.

La obra está poblada de personajes muy diversos: ingenieros ambiciosos, bandoleros, jóvenes con sueños y otros marcados por la dureza de la vida. ¿Cómo ha sido el proceso de construir un universo tan rico y coral? 

Para manejar todos esos personajes, además de unas reglas básicas, solo has de mirar a tu alrededor y con un poco de imaginación ir asignándole su rol, ya que la realidad supera casi siempre la ficción, aunque es verdad que has de echar manos de todo lo que has oído y visto y cribarlo con el sentido normal. Una vez que tienes los personajes son ellos los que te llevan y traen a su capricho. Tú eres solo su transcriptor.

Hay una fuerte presencia de intriga, ambición y deseo a lo largo de la historia. ¿Diría que estos son los motores principales de la novela o hay un mensaje más profundo que atraviesa toda la trama?

Un relato que quiera enganchar al lector desde el principio ha de tener estos condimentos que enumera, y sí, los calificaría como la piedra angular de la historia. Por otra parte, es posible que alguien encuentre el mito de la Caverna en la novela, pero solo trato de ahondar en las pasiones humanas para dar vida a esos actores, imaginarios. No busco filosofar.

La figura del ingeniero con un “plan magistral” introduce una dimensión casi estratégica y de poder en la novela. ¿Está inspirado en personajes reales o representa un arquetipo?

Insisto, un iluminado ambicioso te lo encuentras todos los días en las calles: con dinero, sin escrúpulos, enamorado, pendenciero… Pero sí es quizás el personaje sobre el cual gira la trama de la novela, ya que es él quien trastoca las normas de convivencia de poblado minero de Buenavista; sobre él y su mujer Julia, que sin buscarlo se hace protagonista construyendo un colegio y su hijita que da clases en él, y aprende el nombre de las flores de la sierra deletreándolas con los ayudantes de jardinero…

La ambientación transmite dureza, peligro y también belleza. ¿Qué papel juega la documentación histórica en su proceso creativo? ¿Hasta qué punto busca fidelidad frente a libertad narrativa?

La dureza de estas tierras la he vivido sobre mis piernas. Incluso los romanos utilizaban muchos socavones como medio de transporte, para no tener que estar subiendo y bajando cerros, con unos inviernos que hielan hasta los huesos y unos veranos que te abrasan el sentido. Si a todo eso le añadimos que en cualquier recoveco puedes encontrar la parca o un tesoro escondido por los moros…, podemos imaginar que me he servido tanto de la fidelidad, la libertad y otras artimañas narrativas para alimentar el negro sobre blanco.

En la novela aparecen elementos como los ataques de lobos o los asaltos de bandoleros, que aportan tensión constante. ¿Cómo trabaja el ritmo narrativo para mantener al lector enganchado en una historia tan extensa?

He leído a tantos autores que han creado cada capítulo de su obra como si en realidad de una novela paralela se tratara, que ponen al lector sobre aviso con la trama, en tensión con el nudo y excitados con el desenlace. Es una forma de hacer participar al lector de la trayectoria de relato.

Sabemos que la minería, la historia y la naturaleza son algunas de sus pasiones. ¿Cómo han influido en la construcción de esta obra en particular?

Como andaluz y carolinense de pro y rodeado de tanta belleza de la sierra de color de la Aceituna Vieja, de sus minas curadas con la vida de sus mineros, unos paisajes que se pueden calificar como la mayor pinacoteca rupestre de Europa y una flora y fauna que te quitan el hipo…, con todos esos ingredientes digamos que he hecho una pipirrana jienense y todos y a la vez me han dado ese rico plato que hace las delicias de quien lo prueba.

Su vocación literaria nace a partir de una lectura muy concreta. Mirando atrás, ¿qué cree que ha cambiado en su forma de escribir desde aquellos primeros impulsos hasta esta novela?

Todo. Desde que leía comic y les cambiaba el rol que tenía ellos, hasta la lectura que comenta…, ha cambiado todo. Cuando eres un niño ves las cosas de la mano que te lleva. De adolescente comienzas a preguntarte ¿Quiénes somos? ¿Dónde vamos? ¿De dónde venimos?… Aunque eso yo lo he tenido siempre muy claro. ¡Soy yo! ¡Vengo del bar de la esquina! ¡Y voy al pub del centro! Bromas aparte. Mi forma de escribir ha cambiado mucho, ha ido pasando por las etapas de la adolescencia —aunque los de mi generación no la tuvimos—. Jugábamos al fútbol —con la juventud tenía otro estilo y no trataba de impresionar—… Ahora razono más.

Para quien aún no ha descubierto su libro, ¿qué cree que va a encontrar entre sus páginas que no vaya a olvidar fácilmente?

Aquellos que tengan el valor de leer Pan de Plomo Duro encontraran entre sus personajes a alguien muy parecido en su entorno más cercano, otros buscarán el contexto aventurero que los harán seguir sus huellas para ser mejor persona, como hacen algunos personajes que, por encima del dinero está la vida; incluso algunos buscarán un plato de comida caliente en la hacienda de Vistalegre o ladrillos de aquella casa de posta que serviría como fortín en caso de invasión extrajera, o quizás los misterios que dan alas a sus personajes para ser libres.


Conversar con José Luis Izquierdo es asomarse a una forma de entender la literatura como un espacio donde confluyen la memoria, la imaginación y la experiencia vital. Su obra refleja esa mirada atenta hacia las historias que merecen ser contadas, construidas con paciencia y sensibilidad. Una invitación abierta a descubrir un relato que, sin duda, encontrará su lugar en cada lector.

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